Autor: Javier Alexander Macias
ELMUNDO.COM
La Ladera siempre cargará sobre sus calles la historia que le ha dado identidad por más de 69 años. Ya no hay cárcel de La Ladera, pero en sus inmediaciones hay un parque en el que los jóvenes y viejos pueden ir a empaparse de su historia.
La Ladera es uno de esos recodos de recuerdos que se quedaron en la memoria de cada uno de los habitantes de Medellín. De los viejos habitantes, porque muchos tuvieron que convivir con Calzones, aquel ladrón que en épicas hazañas robaba a los ricos para darle a los pobres, o de Tirofijo, ladronzuelo que se pasaba la tardes enteras pensando en cómo tumbar a sus víctimas; o Toñilas, quien después de robar y estar metido en la cárcel, se dedicaba a leer a los presos.
También de los nuevos, porque con la recuperación de este centro penitenciario, convertido en centro de diversión y aprendizaje, los más jóvenes han aprendido a querer su barrio y en especial este espacio.
Todas esas historias pueden entreverse en los recuerdos de los muros derruidos que, con cuando el sol se esconde, y a plena contraluz, recuerdan los habitantes del barrio La Ladera sumergidos en sus recuerdos sostenidos en las paredes recalcitradas y pintadas de blanco.
Por eso, cuando se llega al barrio La Ladera y se encuentra este titán vigilante, es como si se llegara a otro lugar o se retrocediera en el tiempo; y aunque su fisonomía ha cambiado, nada podrá cambiar la historia de ladrones que deambularon por sus calles y de la nueva gente que cambió la imagen con la que sería recordada por mucho tiempo.
En la antigua cárcel (foto), estuvo recluido por rebeldía el poeta nadaísta Gonzalo Arango. En este tiempo escribió cerca de 20 crónicas para el semanario Contrapunto. Foto: Luis Echeverri
Remembranzas de cárcel y calle
Los días en el barrio La Ladera comenzaban antes de las 4 de la mañana, cuando los guardianes de la cárcel comenzaban a levantar a los presos con sirenas y pitos para hacer el conteo y saber quienes estaban y quienes habían aprovechado la complicidad de la noche para escapar a esconderse entre los solares de las pocas casas aledañas.
Luego el esperado día de visita. Eternas filas se prolongaban por esas calles erguidas para alcanzar a ver al reo que pagaba una pena por delitos cometidos en alguna parte de la ciudad.
A un lado, trasnochados y esperando a los clientes, se veían hombres y mujeres que esperaban con ansía estos días de visita para vender "chucherías" a los visitantes, e incluso a los carcelarios y encarcelados.
Pero ya no está la cárcel y las historias que se tejían por las calles del barrio La Ladera han cambiado de protagonistas. Aún hay solares, pero ya no se esconden allí los delincuentes, sino los niños que juegan y se ocultan, mientras otros cuentan en forma regresiva desde 100. La historia ya se vivió, pero aún quedan por sus calles, retazos esparcidos que le han dado identidad.
De la cárcel sólo queda como insignia los muros de la portada. Ahora es un centro de recreación que cuenta con piscinas y canchas, además la biblioteca León de Greiff.
Lo que hay del nuevo barrio
Las calles de La Ladera han cambiado. De aquellas empedradas ya no queda nada; incluso, las casas de entejados de barro y puertas torneadas en madera, se han ido cambiando por altas cajas de apartamentos pintados con diversos colores.
Aún se ven los vendedores de chucherías en las esquinas, pero ya no hay largas filas de compradores en la cárcel, es más, ya no hay cárcel. Ahora reposa bajo los nuevos muros dedicados a León de Greiff, uno de los mejores poetas que ha dado este terruño colombiano enmarcado en montañas o en llanuras, la libertad del conocimiento y no la represión de las acciones.
Ya no hay cadenas ni grilletes, sólo niños y adultos que juegan en lo que fueron los patios convertidos en canchas, donde alguna vez estuvieron los presos. La alegría se toma este espacio que es el centro de La Ladera. Allí conviven y convergen todos los habitantes del barrio, en una mezcla de presente y pasado que se conjuga entre los muros de lo que un día fue una prisión.
Datos - La Ladera
El barrio La Ladera se encuentra ubicado en la zona centro oriental de Medellín, en la comuna número 8 Villa Hermosa. De acuerdo con las cifras presentadas por el Anuario Estadístico de Medellín de 2005, la comuna de Villa Hermosa cuenta con una población de 104,450 habitantes, de los cuales 48,293 son hombres y 56,157 son mujeres. El barrio La Ladera limita con los barrios Los Mangos, Llanaditas, Enciso, San Miguel, Villa Hermosa y Batallón Girardot. En cuanto a la infraestructura educativa cuenta con las instituciones educativas Juan de la Cruz Posada y Alfonso López Pumarejo, los colegios más representativos del barrio. No tiene centro de salud; la Unidad Intermedia de Buenos Aires presta sus servicios a los habitantes del barrio La Ladera. El barrio no cuenta con iglesias de ninguna religión o culto. Los feligreses católicos se dirigen especialmente al barrio Boston.
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